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Tipos de aceite de oliva: las cinco categorías y para qué sirve cada una
Entender el aceite de oliva

Tipos de aceite de oliva: las cinco categorías y para qué sirve cada una

Mercedes Uceda de la Maza Publicado Actualizado 10 min lectura

Llevo años dando clase de cata y hay una pregunta que aparece siempre, en la primera sesión y en boca de gente que lleva toda la vida cocinando con aceite: ¿qué diferencia hay entre el aceite de oliva y el virgen extra? No es ignorancia. Es que las etiquetas están escritas para que no se note.

TL;DR: En el lineal hay cinco tipos de aceite de oliva y solo dos son zumo de aceituna. El virgen extra y el virgen salen de la almazara y se venden tal cual. El lampante no puede venderse: va a una refinería, sale convertido en grasa neutra y vuelve al lineal mezclado con un poco de virgen bajo el nombre de "aceite de oliva". El de orujo se saca de los restos de la molienda con disolventes. Si la etiqueta no dice "virgen extra" o "virgen", no es zumo.

La respuesta corta es que hay dos familias. Los aceites vírgenes son zumo de aceituna: se obtienen solo por medios mecánicos —molino, batidora, centrífuga— sin un solo producto químico. Los aceites procesados pasan por una refinería, salen de allí convertidos en grasa neutra y se les añade después una parte de aceite virgen para devolverles algo de color y de olor.

Que un aceite pertenezca a una familia o a otra no es una cuestión de gama ni de marca. Es una clasificación legal, con números detrás, y se decide en dos sitios: un laboratorio y una mesa de cata. Si quieres el mapa completo del producto, lo tienes en entender el aceite de oliva.

Los cinco tipos de aceite de oliva, de un vistazo

Tipo Qué es Cómo se clasifica Para qué sirve
Aceite de oliva virgen extra Zumo de aceituna, solo por medios mecánicos Acidez máxima 0,8 g/100 g y panel de cata sin ningún defecto y con frutado Todo: en crudo, para cocinar y para freír
Aceite de oliva virgen Zumo de aceituna, solo por medios mecánicos Acidez máxima 2 g/100 g y panel de cata con defectos leves (hasta 3,5) pero con frutado Cocinar y freír; en crudo se le notan los defectos
Aceite de oliva lampante Zumo de aceituna que no llega a virgen Acidez por encima de 2 g/100 g o panel de cata con más de 3,5 de defecto o sin frutado Nada: no puede venderse. Va a la refinería
Aceite de oliva (suave o intenso) Aceite refinado mezclado con una proporción de virgen Acidez máxima 1 g/100 g. No pasa por panel de cata Fritura, si acaso
Aceite de orujo de oliva Grasa extraída del alperujo con disolventes, refinada y mezclada con virgen Acidez máxima 1 g/100 g. No pasa por panel de cata Fritura industrial

Los dos primeros son los únicos que puedes llamar zumo. El resto ha pasado por una industria química.

Los aceites vírgenes: los que son zumo

Un aceite virgen se obtiene moliendo la aceituna, batiendo la pasta y separando el aceite en una centrífuga. No hay más. Ni disolventes, ni calor por encima de lo que marca la norma, ni refinado.

Cuando el aceite sale del decánter todavía no tiene categoría: hay que clasificarlo. Y se hace con dos pruebas que tienen que superarse las dos.

La primera es un análisis de laboratorio que mide, entre otros parámetros, la acidez libre y los peróxidos. Aquí conviene deshacer el malentendido más extendido del sector: la acidez no se prueba. No tiene nada que ver con que un aceite pique o sepa fuerte. Es un dato químico —cuántos ácidos grasos se han soltado de su molécula— y solo se ve en un laboratorio. Un aceite muy picante puede tener una acidez bajísima, y al revés. Qué mide ese número exactamente, cómo se obtiene y por qué la ley ya no deja publicarlo solo en la etiqueta lo cuento en la acidez del aceite de oliva.

La segunda es el panel de cata: ocho catadores entrenados, en cabinas separadas, con copa azul para no dejarse influir por el color. Cada uno puntúa los defectos que encuentra y la intensidad del frutado, y se trabaja con la mediana del grupo. Es el único alimento del mundo cuya categoría legal depende de un análisis sensorial. Lo cuento con detalle en qué significa realmente virgen extra.

Aceite de oliva virgen extra

Es la categoría más alta. Necesita acidez igual o menor de 0,8 y, en el panel, cero defectos y frutado por encima de cero. Ese cero es lo importante: no se admite ni un poquito de rancio, ni un matiz de moho, ni un recuerdo a alpechín. Uno solo, por leve que sea, y el aceite deja de ser virgen extra.

Detrás de un virgen extra hay siempre las mismas tres cosas: aceituna sana, recogida en su momento y molida rápido. No hay atajo. Si quieres profundizar en qué lo hace distinto y cómo elegirlo, está en AOVE: qué es, para qué sirve y cómo elegirlo.

Aceite de oliva virgen

Sigue siendo zumo de aceituna, y eso ya lo pone por encima de todo lo refinado. Pero el panel le ha encontrado defectos: hasta 3,5 de mediana. Suelen ser aceitunas que llegaron tocadas, que esperaron demasiado en el patio o que fermentaron en el atrojado. Los defectos típicos son el atrojado, el avinado, el moho y el rancio.

Es perfectamente legal y perfectamente comestible. Pero si lo pruebas en crudo, al lado de un virgen extra, la diferencia es evidente.

Aceite de oliva lampante

Es el aceite que no llega. Acidez por encima de 2, o un panel que le encuentra más de 3,5 de defecto, o directamente ausencia de frutado. No puede envasarse ni venderse al consumidor: la ley lo prohíbe. Su nombre viene de su uso histórico, que era alimentar lámparas de aceite.

El lampante no desaparece. Es la materia prima de la siguiente familia.

Los tipos de aceite de oliva, explicados en un minuto

Los aceites procesados: los que pasan por la refinería

En la refinería, el lampante se somete a un proceso químico que incluye calor y sosa para neutralizar sus defectos. Lo que sale es una grasa sin olor, sin sabor y sin color: técnicamente comestible, sensorialmente nada. En ese camino se pierden los aromas, los amargos, los picantes y los polifenoles, que son los antioxidantes naturales del aceite y la razón de casi todo lo que se dice sobre sus beneficios.

Esa grasa refinada tampoco se vende sola. Se le añade una proporción de aceite virgen —normalmente virgen, no virgen extra, porque es más barato— para devolverle algo de aroma y color. El resultado es lo que la etiqueta llama, sin más, "aceite de oliva".

Aceite de oliva suave e intenso

Suave e intenso no son calidades: son cantidades de virgen añadido. El suave lleva la proporción mínima, la justa para teñirlo. El intenso lleva algo más. Ninguna de las dos palabras está definida en la norma, así que cada envasador las usa como quiere.

Verás también otros nombres: "0,4°", "1°", "sabor suave". Todos describen lo mismo. Los grados eran la antigua forma de expresar la acidez en la etiqueta, un dato que hoy no puede ir solo porque induce a error, y que además —como decíamos— no tiene nada que ver con el sabor.

Aceite de orujo de oliva

Al moler la aceituna queda un residuo llamado alperujo: piel, hueso, agua y restos de pulpa. De ahí todavía se puede sacar grasa, pero no exprimiendo, sino con disolventes. Después se refina y se mezcla, igual que el anterior, con una parte de aceite virgen.

Es el escalón más alejado del zumo de aceituna. Se usa sobre todo en hostelería y en fritura industrial.

Cómo leer la etiqueta en tres segundos

Todo lo anterior se resume en una regla que doy siempre en clase y que no falla:

Si en la etiqueta no pone "virgen extra" o "virgen", no es zumo de aceituna.

Da igual lo que ponga alrededor. Si lees solo "aceite de oliva", con o sin apellidos como suave, intenso, 0,4° o "sabor tradicional", estás ante grasa refinada con un chorrito de virgen. Y si aparece la palabra "orujo" en cualquier sitio, ni siquiera viene de exprimir la aceituna.

Un apunte más, porque genera muchas dudas: dentro del virgen extra sí hay variantes legítimas —cosecha temprana, monovarietal o coupage, filtrado o sin filtrar— pero todas siguen siendo virgen extra. Esas son diferencias de estilo dentro de la misma categoría, no categorías distintas.

Para qué sirve cada tipo en la cocina

  • Virgen extra: para todo. En crudo, donde se aprecia lo que lo hace especial. Y también para cocinar y freír, porque sus antioxidantes lo hacen más estable al calor que casi cualquier otra grasa. La idea de que "es un desperdicio freír con virgen extra" es exactamente al revés de lo que dice la química.
  • Virgen: para cocinar y freír sin problema. En crudo se le notarán los defectos que el panel le encontró.
  • Lampante: no lo encontrarás. No se vende.
  • Aceite de oliva (suave o intenso): sirve para freír. Aporta grasa y poco más: ni aroma, ni sabor, ni apenas polifenoles.
  • Aceite de orujo: aguanta bien la fritura repetida, que es justo por lo que se usa en hostelería.

El problema de este sistema de denominaciones

Después de años explicando esto, mi conclusión es que el sistema de denominaciones no ayuda al consumidor: lo confunde. Y creo que no es casualidad.

Llamar "aceite de oliva" a secas a una grasa refinada, usando exactamente las mismas tres palabras que dan nombre a la categoría entera, garantiza que la mayoría de la gente crea que está comprando una versión más económica del mismo producto. No lo es. Es otro producto, hecho a partir de un aceite que no se podía vender.

Y ahí está el segundo problema: el precio. El "aceite de oliva" es más barato precisamente porque parte de aceites defectuosos. Así que el sistema empuja al comprador hacia el producto de menor calidad justo cuando cree estar haciendo una compra sensata.

La prueba está al alcance de cualquiera. Pon en dos copas un refinado intenso y un virgen extra decente, huélelos uno detrás de otro y verás que no hace falta ser catador para saber cuál de los dos fue fruta.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos tipos de aceite de oliva existen?

Cinco. Tres salen de la almazara —virgen extra, virgen y lampante— y son zumo de aceituna obtenido solo por medios mecánicos. Los otros dos pasan por una refinería: el que la etiqueta llama simplemente "aceite de oliva", que es grasa refinada mezclada con una parte de virgen, y el aceite de orujo de oliva, extraído con disolventes de los restos de la molienda. De los cinco, solo el virgen extra y el virgen llegan al consumidor tal y como salieron de la aceituna.

¿Cómo sé, mirando la etiqueta, si un aceite es zumo de aceituna?

Si la etiqueta no dice "virgen extra" o "virgen", no es zumo. Da igual lo que ponga alrededor: "aceite de oliva" a secas, "suave", "intenso", "0,4°" o "sabor tradicional" describen todos lo mismo, grasa refinada con un chorrito de virgen añadido. Y si aparece la palabra "orujo" en cualquier lugar del envase, ese aceite ni siquiera viene de exprimir la aceituna.

¿Qué diferencia hay entre el aceite de oliva suave y el intenso?

No son calidades distintas: son cantidades distintas de aceite virgen añadido a la misma grasa refinada. El suave lleva la proporción mínima, la justa para darle algo de color; el intenso lleva algo más. Ninguna de las dos palabras está definida en la normativa, así que cada envasador las usa a su criterio. En los dos casos la base es la misma.

¿La acidez del aceite de oliva se nota al probarlo?

No. Es el malentendido más extendido del sector. La acidez es un dato químico —cuántos ácidos grasos libres se han soltado de su molécula— y solo puede medirse en un laboratorio. No tiene ninguna relación con que un aceite pique, amargue o sepa fuerte: un aceite muy picante puede tener una acidez bajísima. Los antiguos "0,4°" o "1°" de las etiquetas expresaban esa acidez, y hoy ese dato no puede figurar solo precisamente porque induce a error.

¿Se puede freír con aceite de oliva virgen extra?

Sí, y además es la mejor opción. Sus antioxidantes naturales lo hacen más estable al calor que casi cualquier otra grasa de cocina, así que aguanta mejor la fritura y se degrada más despacio. La idea de que freír con virgen extra es un desperdicio va justo al revés de lo que dice la química: lo que se desperdicia son los aromas, no las propiedades.

¿Qué es el aceite de orujo de oliva?

Al moler la aceituna queda un residuo llamado alperujo, formado por piel, hueso, agua y restos de pulpa. De ahí todavía se puede sacar grasa, pero no exprimiendo: se extrae con disolventes, después se refina y por último se mezcla con una parte de aceite virgen. Es el producto más alejado del zumo de aceituna y se usa sobre todo en hostelería y fritura industrial.

¿Cómo se determina si un aceite es virgen extra, virgen o lampante?

Con dos pruebas que hay que superar las dos. Primero un análisis de laboratorio que mide la acidez libre, los peróxidos y otros parámetros químicos. Después un panel de cata oficial: ocho catadores entrenados, en cabinas separadas y con copa azul para no dejarse influir por el color, puntúan los defectos y la intensidad del frutado, y se trabaja con la mediana del grupo. El virgen extra necesita acidez máxima de 0,8 y cero defectos; el virgen, hasta 2 de acidez y 3,5 de defecto; si no llega a eso, es lampante y va a refinería.